cOLECTIVO FOTOGRÁFICO RENCA
SE NOS ACABÓ EL MIEDO


por Silvio Puebla
Es difícil estar lejos de tus seres queridos en momentos así. Como trabajo en una empresa de telecomunicaciones y me toca viajar harto, en los días previos al estallido me encontraba en algún lugar cerca de Chiloé viendo todo por las redes sociales. Me sentía mal y frustrado al no poder estar allí manifestándose en persona, pero eso no era impedimento para sentirme parte de esta gran lucha. Cada vez que viajaba de vuelta a Santiago, en mis días libres sí o sí me iba a la Plaza de Renca o a Dignidad. Era donde había que estar, donde había que hacer el aguante.

Estar ahí es hacerse parte de una energía que no se puede explicar, que te permite alzar la voz, gritar, sentirte fuerte, libre. Me sentí identificado con cada testimonio, con cada pancarta, piedra y gota de sangre de mis compañeros derramada. A mi familia no les gustaba y tenían temor de que me involucrara tanto y está bien y los entendía, por que en cualquier momento allá te puede pasar algo y no sabes si volverás a casa.
Quizá la parte más difícil fue explicarle a mi hijo lo que pasaba. Me preguntó, recuerdo, por que me habían disparado un perdigón en el estómago y me costó mucho explicarle la situación. Hace no muchos meses él me había contado que quería ser policía o militar para proteger al país y a la gente. Es cuático que te diga eso con todo lo que pasa y lo que te ha tocado ver, pero al explicarle la situación y pese a tener sólo 8 años entiende perfectamente. Esta lucha también es por él y eso me motiva a continuar.

Después del Estallido se empezó a hablar de política en las casas, a discutir temas que antes no eran habituales hablar, en parte por el legado de silencio que dejó la dictadura. A diferencia de esa época, hoy contamos con más herramientas para registrar y denunciar las injusticias y hay que usarlas.
Estuve en varios enfrentamientos tanto en Dignidad como en la Plaza de Renca y fue increíble la brutalidad con que se respondió al sentir ciudadano. que hasta incluyó volver a ver a militares en las calles con sus vehículos blindados disparando al aire y apuntando al cuerpo.

Un día recuerdo que salí temprano del trabajo, rápidamente tomé la moto y me vine a Renca. Estando cerca de la plaza, me encontré con una marcha que venía por Domingo Santa María a la altura de Caupolican. Seguí la marcha, tomé algunos registros y seguí en dirección hacia el centro cívico. Por un largo rato estuvo todo pacífico, hasta que una mujer gritó "vamos a enfrentar a estos pacos culiaos".
No hizo falta mucho más para que la protesta se concentrara afuera de la séptima comisaría de Renca. A la lluvia de piedras se opuso rápidamente un piquete de Carabineros con lacrimógenas, escopetas y vehículos pesados, así como autos con funcionarios de civil, desde donde también abrían fuego con sus escopetas.

Me protegí entre la pileta y la municipalidad detrás de un árbol, desde donde pude tomar varios registros. En algún momento sentí como si algo me hubiese rozado la polera. En ese momento no me importó mucho y seguí tomando fotos, pero al rato después empecé a sentir el dolor.
"A diferencia de esa época (la dictadura) hoy contamos con más herramientas para registrar y denunciar las injusticias y hay que usarlas".
Me dolía desde la guata hasta las piernas y me quedó una marca negra en la polera, que tras levantarla reveló una ardiente marca roja como de quemadura. Advertí al resto de los fotógrafos y a los manifestantes que tuvieran cuidado con los balines, que no era algo para tomarse a la ligera.
No pasaron ni 10 minutos y en la esquina del supermercado Montserrat me percato de un joven que se venía cubriendo la cara, sangrado y todavía en shock. me acerqué a ayudarlo y ahí nos dimos cuenta que le había llegado un balín en la boca, perdiendo un diente. Él, tratando de obtener alguna explicación a lo que había pasado se acerca a reclamar a los Carabineros que estaban apostados en medio de la calle, los cuales ahora lo querían tomar detenido pese a no estar haciendo nada. Lo fuimos a sacar de ahí y lo llevamos al SAR, donde lo acompañamos hasta que llegaron sus familiares.

Así volvió a pasar varias veces en las semanas siguientes, donde pese a las heridas y los golpes, los renquinos siguieron con la resistencia acá y en Dignidad. A casi un año de eso, siento a mi entorno más comprometido y más organizado. La gente en general está más dispuesta a participar, a escuchar y a decir sin miedo lo que piensa. Al menos, mi cámara y yo seguiremos en pie hasta que la dignidad se haga costumbre.
Texto y fotografías por Silvio Puebla
Edición y diagramación por Radar Renca
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